En el interior de la antigua iglesia desacralizada de San Juan Bautista y presidiendo la plaza mayor del municipio de Alarcón (Cuenca, Castilla-La Mancha), siendo este reconocido con la protección de Bien de Interés Cultural en la categoría de conjunto histórico-artístico. Se encuentra un conjunto único de pinturas murales obra del artista Jesús Mateo.

La arquitectura actual de estilo herreriano data del siglo XVI, no siendo la construcción original, y presenta únicamente una nave central de planta rectangular. En 1994, Jesús Mateo comenzaría uno de sus grandes proyectos: cubrir cada rincón de los desnudos muros y bóvedas con sus imponentes pinturas. Ese año, un joven Jesús, comenzaría de manera altruista (no habiendo recibido este proyecto por encargo o apoyos iniciales), a plantear los bocetos que culminarían en la gran obra que hoy puede visitarse.
La complejidad del proyecto era mayúscula, tanto por las enormes dimensiones que componían el espacio, como por el análisis cromático y la ubicación de las formas en el mismo. Por ese motivo, el pintor tuvo la necesidad de intervenir el espacio durante seis años.
Para este proyecto, Jesús Mateo gozó de libertad absoluta, aunque la composición final que conocemos sufrió variaciones a lo largo del proceso puesto que nuevas necesidades surgían en la mente del artista. El tiempo pasaba, la experiencia cambiaba y nuevas formas, colores y texturas brotaban.
Pero, ¿qué representan las pinturas? ¿De qué idea inicial parte la composición pictórica?
La Naturaleza y el Hombre funcionó como elemento matricial del que nacerían las figuras que inundarían más tarde todo el espacio. Constituían el reflejo del universo personal del artista. Preguntas sobre el mundo que nos rodea, el mundo que habitamos, la tierra a la que pertenecemos; nuestro origen, nuestra evolución; la materialización de emociones. ¿De qué se componen los sueños? ¿Cómo representar la angustia o la ansiedad? El presente, el pasado; el fin.



Un banco fijo de grandes dimensiones y sillas móviles son el único mobiliario que puede verse dentro de la sala. De manera acertada se encuentran a disposición libre de cada visitante.
Admirar la obra requiere tiempo; recorrer la sala escuchando su eco; sentarse y poder mirar los detalles de la bóveda del techo; alejarse o acercarse. La luz tenue protege las pinturas y genera un ambiente de misticismo que acompaña a la perfección la plasticidad de la gran pieza. Es un espacio que anima a la contemplación, al disfrute y la introspección. A disfrutar de un momento de calma mientras conversas con tu «yo» más puro.

El 3 de diciembre de 1997, la UNESCO otorgó el patrocinio oficial de estas pinturas murales, siendo así declaradas de Interés Artístico Mundial.
Jesús Mateo culminaría su obra en noviembre de 2002, pero sus figuras seguirán habitación ese espacio, formando parte del rico patrimonio artístico que posee nuestra tierra.
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